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La mayor parte del terreno es montañoso por el
sur y poniente y plano en el norte y oriente… Y esta cubierto
de bosques impenetrables donde sus árboles, arbustos y plantas
entrelazan sus tupidas ramas y no dejan penetrar la vista lo que hace
que en muchas partes escaseen los pastos y sea impropio para la cría
la ganados, pero muy feraz para la agricultura…”
Antonio Cabrera,
La Huasteca Potosina..., 1876.
Durante la colonia las haciendas se habían consolidado
en el oriente de lo que actualmente es el estado de San Luis Potosí
y habían invadido las tierras de los pueblos de indios. Sin embargo,
al mediar el siglo XIX la presión sobre los recursos de los pueblos,
tierra y agua, se acentuaron como resultado de las Leyes que pretendían
poner en circulación esas tierras vía su conversión
en pequeñas propiedades privadas. El paso del ferrocarril por
la zona antes mencionada implicó un estímulo para la producción
de esa zona, a saber, caña de azúcar, piloncillo, café,
vainilla y cítricos, principalmente, mientras que en las áreas
más áridas, como Ciudad del Maíz adquirió
relevancia la explotación de guayule, ixtle y candelilla. El
incremento de la comercialización de estos productos condujo
a la expansión de las haciendas y al aumento de la competencia
por tierra y agua entre las haciendas y los pueblos, así como
a renovar la intención de desamortizar las tierras de los pueblos.
Una forma de tenencia de la tierra que se había desarrollado
previamente en la zona, los condueñazgos, también resultaron
seriamente amenazados frente a los embates desamortizadores del porfiriato.
Las circunstancias brevemente descritas propiciaron una gran tensión
en la relación entre los propietarios de las haciendas y los
sectores sociales afectados por el auge económico de la zona.
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