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Programa del día: 01/Noviembre/06

 

EL BIEN MORIR

 

“No tienes hora segura/ procura pues disponerte/ para el trance de la muerte. Como ríes, como duermes, como estás tan sin cuydado/ teniendo a Dios tan enojado/ Hombre descuydado advierte /que te acercas a la muerte/ Vive bien que de la suerte/ que fue la vida es la muerte/ El que sin Dios vivir quiere/ sin Dios vive y sin Dios muere / una mortaja y no más de este mundo sacarás /cogerás quando espirares/ lo que en la vida sembrares/ pues cubre una sepultura/ todo lo que el mundo alaba/ no temas mal que se acaba/ ni quieras bien que no dura/ Porque piensas vivir mucho/ no teniendo un día segura/ Oy es el hombre/ y mañana no parece/ Velad y orad dize Christo/ porque no sabeys el día ni la hora/ si tú no cuidas de tu alma ahora/ ¿quién cuydará de ella después?/ que le aprovecha al hombre/ ganar todo el mundo/ si pierde su alma/ o momento de que depende la eternidad” . Este es un fragmento de un Sermonario para misiones que refleja las ideas de la Iglesia católica sobre el buen morir. Verónica Zárate Toscano también estudia estas ideas en el libro Los nobles ante la muerte en México. Actitudes, ceremonias y memoria (1750-1850) (México, 2000, El Colegio de México e Instituto Mora), en que dice, que si bien la muerte puede sorprendernos o hacerse inminente por una enfermedad y una larga agonía, hay siempre una constante preparación para ésta en la ideología de la Iglesia católica, la cual ha instado a llevar una vida “devota y humilde” para que al morir el alma llegue a un lugar agradable. En esa época, además de los Sermonarios, se publicaban las Ars moriendi, libros en que se recomendaba una vida devota —si no libre de pecados sí evitarlos de un modo consciente—, llevar una vida apegada a las reglas “esenciales a las que obligaba cada estado, grupo social o sexual”. De tal modo que para la Iglesia buena muerte y vida santa constituyeron, para siempre, un binomio que asegura el pase al Paraíso (Collado, 2002:355). Además estos libros recogían las instrucciones a los sacerdotes para actuar ante el moribundo y recomendaba la redacción del testamento. La agonía es otra fase de esta preparación para morir bien mediante la última confesión, en que el alma se libera de los lastres de los actos pasados, de los yerros cometidos. En la etapa que estudia Zárate Toscano, la persona que estaba en agonía era acompañada por muchas más, pues se pensaba que sólo aquellos cuyas honras no fueran íntegras morían en soledad. Entre los que acompañaban al agonizante —sin olvidar que la autora estudió la clase noble— se encontraba el médico de cabecera, quien podía pedir la asistencia de otros médiacos para “discutir el estado de gravedad del paciente”. Estas Ars moriendi recomendaba esta presencia del médico, así como no dar al paciente ni a los familiares de éste diagnósticos falsos que pudieran crear esperanzas, mucho menos ocultarle nada sobre su estado. Era el médico quien indicaba al sacerdote, que también permanecía ahí, el momento en que debía suministrar los santos óleos. El médico y el sacerdote atendían, de paso, a quienes se hallaban acompañando al agonizante, pues eran comunes entre los asistentes las aflicciones físicas y espirituales de éstos en la inminencia de la muerte del ser cercano. Si el moribundo estaba lúcido podía confesarse y arrepentirse de sus pecados, y el sacerdote le imponía la última penitencia para que pudiera alcanzar el perdón; el moribundo debía mostrar la voluntad de cumplir esta penitencia. Las oraciones las hacía el moribundo y el sacerdote a una voz. “La Iglesia ordenaba que quien fuera llamado a administrar los sacramentos se trasladara inmediatamente al lado del enfermo y si por su negligencia fallecía el solicitante sin ser sacramentado, el sacerdote era castigado con la reclusión en su iglesia y la obligación de decir diez misas por el difunto”. Otro día les hablaré de la prohibición, que dictó la Corona, a sacerdotes de recibir legado de enfermo moribundo, pues mucha influencia ejercieron en la última voluntad de muchos acaudalados nobles en el México colonial.

Adriana del Río Koerber

 

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fecha ultima modificacion 11 noviembre / 2011

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