<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Diálogo entre Civilizaciones COLSAN
   
 
   

 

La Asamblea General de Naciones Unidas a través de su resolución (A/56/LyAdd.1) aprobada en la 43ª sesión plenaria del 9 de noviembre de 2001, decidió establecer el Programa Mundial para el Diálogo entre Civilizaciones. El artículo 9º de la citada resolución diseña un programa de acción donde se insta a los Estados, ONG´s, organizaciones regionales a “patrocinar conferencias, simposios y seminarios para promover la comprensión recíproca, la tolerancia y el diálogo entre civilizaciones”.


Durante la primera mitad del año 2004 El Colegio de San Luis, A. C. propuso al Gobierno del Estado de San Luis Potosí, apoyar la realización de la conferencia internacional Diálogo entre Civilizaciones. Esta misma propuesta se ha extendido a la Universidad Nacional Autónoma de México, a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, y a la Universidad de Guadalajara, instituciones académicas mexicanas que han decidido unir esfuerzos y voluntades para crear espacios donde se pueda generar reflexión sobre las apremiantes necesidades de diálogo, tolerancia y entendimiento entre culturas que tiene el mundo contemporáneo.

 

 

 

Esta iniciativa ha sido apoyada además, por fundaciones e instituciones nacionales y extranjeras interesadas en el diálogo entre civilizaciones.

 

Los organizadores estamos convencidos de que una conferencia internacional de estas características aportará nuevos elementos de reflexión para el entendimiento de la riqueza de la diversidad en el ámbito internacional.

 

 

EL COLEGIO DE SAN LUIS A.C.
Parque de Macul No. 155
Fracc. Colinas del Parque
San Luis Potosí, S.L.P. México

dialogo@colsan.edu.mx

 

 

 

 

A diferencia de lo ocurrido en el siglo pasado cuando México entró al último tramo del milenio con una profunda guerra civil y muchos años de retraso histórico, en esta ocasión inicia el siglo XXI con los dilemas, los impulsos y la agenda propia de los tiempos que corren.


En el cambio de era que está viviendo la humanidad, México no es la excepción. El país muestra signos inequívocos de estar construyendo los cimientos, las relaciones sociales y los referentes culturales de un nuevo estadío histórico: en lugar de la república centralizada está en el proceso de anclar un verdadero y congruente estado federal; en lugar del estado autoritario y discrecional parece desplegarse y afirmarse la democracia y el estado de derecho, ambos conceptos crecientemente impregnados de una noción de los derechos humanos enriquecida con los valores de la tolerancia y la diversidad; en lugar de un Estado limitadamente asistencial y con una economía protegida, se define una economía competitiva e integrada a mercados y acuerdos supranacionales con profundas asimetrías y graves incertidumbres sociales; en lugar de una cultura inercialmente nacionalista y homogeneizadora, se explayan expresiones de aspiración universal y se recrea y acepta la diversidad; en lugar de largos años de certidumbre y cohesión social, no sin ciertas dosis socialmente asumidas de acentuado control estatal, el espacio de la política se recompone generando dificultades para llegar a acuerdos que posibiliten la restauración del tejido social, la inseguridad pública se extiende y sientan base las dinámicas sociales subterráneas y con lógicas propias –vr. gr. narcotráfico, pandillerismo, bandas de secuestradores o mafias del robo organizado-, predominantes en los estados frágiles; finalmente, en lugar de un estado capaz de imponer reglas sociales y proyectos de interés público o de dimensión nacional, en el país insistentemente se consolida la capacidad de distintos segmentos sociales, regiones y poderes locales para hacer valer sus visiones o pretensiones, incluso por encima del estado de derecho.


Además, tales tendencias están acompañadas del resurgimiento de acentuados localismos, de pretensiones por restaurar viejos referentes sociales y culturales, y de intentos de reimplantación o de afirmación de fueros que ya se consideraban extinguidos.


En otras palabras, junto al avance de los impulsos y las aspiraciones sociales propias del siglo que corre, y como consecuencia de la falta de claridad de cómo serán los nuevos contornos nacionales en un contexto internacional también en acelerado proceso de reacomodo, siguen estando presentes, y por momentos amenazantes, los impulsos de la restauración, las vocaciones de gestión autoritaria, impositiva y discrecional, y la inclinación por retornar a los tiempos de las visiones unívocas y homogéneas.


Por lo mismo, en el siglo XXI México está obligado o es llevado por las circunstancias a reconfigurar los nuevos ejes de la convivencia social, a dialogar y buscar acuerdos con una diversidad de actores sociales y regiones, así como a entrenarse, explayarse y facilitar la integración en el cambiante contexto internacional, determinado por la dinámica de la mundialización, a la vez que debe encontrar los mejores mecanismos para que los impactos económicos, políticos y culturales de este fenómeno se procesen y asuman positivamente por la nación.


En los primeros años del siglo XXI ante los veloces cambios, muchos de ellos dramáticos, México se encuentra ante el desafío de rediseñar su vocación histórica de ser bisagra y vínculo entre el sur y el norte, entre el oriente y el occidente.


En un mundo confrontado por luces y sombras, en el surgimiento de un nuevo proceso civilizatorio, México se encuentra una vez más, en una posición geopolítica estratégica que se refuerza por su rica tradición cultural y su potencial de compartir tradición y modernidad, con respeto a la diversidad para impulsar y sumarse a procesos de entendimiento.


Los problemas que afectan a la sociedad contemporánea rebasan los límites locales y las fronteras nacionales. El mundo globalizado implica un esfuerzo profundo por construir los espacios de comprensión y tolerancia que permitan resolver los desafíos contemporáneos (soluciones prácticas y decisiones compartidas).


Este complejo fenómeno adquiere tonalidades más riesgosas e inciertas por la recomposición del mundo en curso. Paralelo a lo que ocurre en México, la humanidad muestra signos claros de estar inmersa en mutaciones de dimensiones todavía inimaginables; atrás va quedando el último aliento de la sociedad industrial que se inauguró en el siglo XIX, para ocupar su lugar la producción robotizada, las nuevas tecnologías, el mundo espacial, la sociedad de la información y la comunicación, y el trabajo de los servicios.


Sociedades y regiones parecen entrar a la fase final de los recursos fósiles, a la vez que se vislumbran nuevas fuentes energéticas y en el horizonte se agenda la reconversión hacia otros suministros energéticos; la geografía política de naciones y culturas poco tiene que ver con el legado de la era de la modernidad industrial y los colonialismos, en tanto se consolidan nuevos bloques mundiales, reemergen dominios y culturas que parecían haberse quedado al margen, y se delinean los contornos de un nuevo reparto del mundo con fronteras todavía difíciles de concebir; viejos conflictos, como los de oriente-occidente o cristianismo e islamismo, o el de las denominadas razas puras contra las otras, que se consideraban saldados en el futuro de los pueblos, parecen retomar nuevamente el escenario y ser parte de la argumentación de guerras, amenazas o confrontaciones.


De manera parecida, para completar los trazos del siglo XXI, se puede agregar que referentes culturales tradicionales están en acelerado proceso de transformación, de modo tal que, por ejemplo, las relaciones de pareja tienen vertientes y modelos impensables hace medio siglo, la noción de familia se enriquece de nuevos modelos, la procreación tradicional se derrumbó ante los progresos de la medicina impactando valores y normas; la dimensión de género resalta en las diferencias culturales, y es foco de fuertes tensiones en la ampliación de los derechos ciudadanos en las sociedades tradicionales. Se encuentra en proceso de construcción una nueva noción de ciudadanía y los estancos culturales se desdibujan por el embate de la revolución en la circulación de la información. Sin duda alguna, los fantasmas de la xenofobia y los nacionalismos se agitan ante la emergencia de nuevos valores sociales complejamente impregnados de todo género de mestizajes.


Dicho brevemente, ante la insistente afirmación de las corrientes históricas de una nueva era, con la fragmentación y cuestionamiento de las mentalidades caducas, en el arranque del nuevo milenio y de un nuevo siglo el mundo parece estar determinado por la incertidumbre, los desencuentros y la confrontación.


Por lo mismo, y ante la evidencia de que en el mundo parece incrementarse y agudizarse la confrontación, habrá que fomentar el tendido de canales de comunicación alternativos y reinventar la comunicación en la diversidad, el diálogo civilizatorio.